Por todas, Ni una menos#

In Memoriam de Myriam  Saganias

200.000 personas asistieron el miércoles 3 de junio del 2015  a las 17 hs a  la movilización de Ni una menos.

Los vagones de la línea de subte B estaban llenísimos de jóvenes, niñas/os, madres y padres con sus bebés en brazos y familias enteras,  que se iban caminando hacía el Congreso.

En la esquina de Callao y Corrientes ya se podían ver las pancartas de los centros de estudiantes, de varios colegios porteños, que querían estar presentes en la plaza

Había familiares, amigos e hijos de víctimas de violencia de género, que llevaban pancartas con las fotos de las mujeres asesinadas.

También, había sobrevivientes, señoras que padecieron la violencia cuando todavía no existía la comisaría de la mujer y no estaba la ley Nº 26.485 (contra la violencia de género) que las protegía.

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“No va a haber denuncia porque si yo se la tomo, tengo que pasar a su hijo a un instituto de menores”, aseguró Lucía Martínez,  que le dijo un comisario la primera vez que denunció a su marido por golpeador.

“Hice la denuncia por violencia y me fui de mi casa con mis tres hijos” contó Bettina Soberon,  y agregó: “Estuve 12 años soportando golpes, pero pude salir y ahora lo puedo contar”.

La movilización de Ni una menos sirvió para fomentar las políticas públicas, ya que, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación conformó la Unidad de Registro, Sistematización y Seguimiento Nacional de Femicidios,  que ya está funcionando.

Ni una menos# marcó un antes y un después en la vida de las argentinas porque fue un grito de bronca y un aullido por todas aquellas mujeres que ya no están.

BASTA DE PIROPOS

“Cuando tenía 15 años un hombre me tocó mientras hacía gimnasia en un club”, confesó Paula Corleone y agregó: “Otro hombre me siguió cuando caminaba por la calle, mientras me decía groserías”. Esta joven asistió a una manifestación que se realizó en contra del acoso que padecen las mujeres.

En el marco de la Semana Internacional Contra el Acoso Callejero, del 12 al 19 de Abril, el Comando Antipajeros realizó una intervención callejera en el barrio porteño de Caballito. La convocatoria se realizó por la red social Facebook y el punto de encuentro fue la esquina de Acoyte y Rivadavia, a las 20 horas.

El Comando Antipajeros está formado por veinte mujeres jóvenes, aunque no tiene una cantidad fija. Es una organización democrática, horizontal, apolítica y participativa. Además, “Tiene como objetivo denunciar el acoso callejero y cualquier forma de violencia contra la mujer” aseguró Julieta González, integrante fundadora del grupo.

La organización nació en febrero del 2014, cuando varias chicas que jugaban a la pelota en una placita barrial detectaron a un hombre que se masturbaba y lo echaron del lugar. A partir de ese suceso, decidieron organizarse y denunciar el acoso que sufren las mujeres en las calles. Así surgió el Comando Antipajero.

El jueves 16 de abril parecía un día normal. Los porteños salían y entraban al subte o esperaban un colectivo. Hasta que, a las 20.15, comenzaron a llegar las primeras chicas que querían participar de la intervención callejera. Las jóvenes, desafiantes, seguras de sus consignas, tenían carteles que no dejaban lugar a segundas lecturas: “Mi vestir no justifica tu actuar” y “Nos catalogan de putas por actuar con libertad”. No obstante el filo de sus frases, ninguna persona se detuvo a mirar los carteles o preguntarles qué estaban reclamando: ellas pasaban desapercibidas.

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Varias de las 40 mujeres que asistieron remarcaron que les molesta el piropo cuando es grosero y violento, como por ejemplo los ya desafortunadamente clásicos en el léxico porteño: “Te voy a romper el orto” o “Te chuparía toda”.

“Me importa que a las mujeres nos respeten en la calle”, sostuvo Delfina Pereira, de 17 años, y agregó: “Soy chica, salgo con el uniforme de la escuela y me dicen groserías”. Paula Corleone, de 25 años afirmó: “Estoy cansada de que me digan cualquier cosa, hasta estando embarazada o con mi hijos sufrí el acoso”. “Las mujeres somos tratadas como objeto y no como sujeto y los hombres creen que pueden decirnos lo que quieran”, sostuvo Josefina Silva, de 22 años. La mayoría de las jóvenes coincidieron en que no importa la ropa que llevan puesta, siempre les dicen guarangadas en las calles.

A las 20:45 ya había 40 personas. Más tarde, las integrantes del Comando avisaron que fueran hacia el Parque Rivadavia así repartían los elementos para poder iniciar la actividad. Repartieron volantes, carteles y engrudo para poder hacer pegatinas. También, hubo varias participantes que llevaron stencils y pintura en aerosol para difundir las consignas: “No quiero tu piropo, quiero tu respeto”, “Yo elijo como me visto y con quien me desvisto”, “No soy objeto, soy sujeto” y  “Este cartel es delito, que me acosen en la calle no”, entre otras. Después de que se repartieron los elementos mencionados, se dividieron en dos grupos, uno hizo una pegatina sobre la avenida Rivadavia al 4900 hasta Acoyte y el otro caminó hasta la calle La Plata. El grupo que se quedó más cerca del punto de encuentro repartió volantes a la gente que pasaba con las consignas anteriormente mencionadas, también exhibieron carteles y caminaron hasta la calle José María Moreno y Rivadavia.

A las 21:45 apareció un policía que observaba a las jóvenes con detenimiento, como si sospechara que pudiera ocurrir algún disturbio. Por suerte la intervención callejera se realizó con normalidad y de manera pacífica.

Luego, a las 22, dos hombres les gritaron a algunas chicas que llevaban los carteles: “Nosotros no somos machistas y no tiene nada de malo decirle un piropo a una mujer”. Se fueron.

A las 22:30 terminó la actividad, las jóvenes se saludaron y volvieron a sus casas.

UNA LEY CONTRA EL ACOSO

Según una investigación de la ONG “Bullying Sin Fronteras”, hay más de 100 denuncias mensuales por acoso callejero, que originan los expedientes que llegan a los juzgados de Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la Provincia de Bs As. La solución para este problema según varias de las jóvenes que asistieron a la manifestación, sería una legislación penal. “Necesitamos una ley contra el acoso para que el Estado demuestre que no acepta esta forma de violencia”, aseguró Delfina Pereira.

“Sí, falta una ley contra el acoso, porque una legislación te permite tener los recursos para educar, concientizar a la gente y que exista un espacio donde reclamar”, comentó Julieta González, integrante del Comando Antipajeros.

Los legisladores saben que falta una ley, por eso la diputada Victoria Donda (Libres del Sur) presentó el 23 de abril pasado un proyecto que busca multar el acoso callejero. La iniciativa prevé que se apliquen sanciones con multas de hasta siete mil pesos a los acosadores y otros comportamientos que sean ofensivos para las mujeres. Que se haya presentado un proyecto de ley, es un avance contra el problema diario que representa el acoso para el género femenino. Pero el cambio más importante es cultural, las familias argentinas deberían dejar de naturalizar esta conducta que resulta intimidante para las jóvenes y niñas que caminan por las calles.

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Fotos de Sol Avena

#Ni una menos

Chiara Páez de 14 años fue hallada muerta, en un pozo en el patio de la casa de su novio, en la localidad de Rufino, provincia de Santa Fe. El joven quedó detenido y confesó el crimen.

Los familiares de la adolescente  creen que el chico no actúo solo, por eso también están detenidos  la madre del novio, su pareja y los abuelos maternos del chico. Además, la autopsia confirmó que la adolescente estaba embarazada, según el informe realizado por el equipo médico forense de Venado Tuerto.

La víctima era  buscada desde el domingo a la madrugada cuando su familia  hizo la denuncia por averiguación de paradero. A partir de ese momento, se puso en marcha un operativo de búsqueda:  se realizaron siete allanamientos y rastrillajes en los que no sólo participaron los efectivos policiales, sino que se sumaron 300 vecinos y vecinas.

 femicidios

Por el asesinato de esta joven, y los femicidios que vienen ocurriendo en la Argentina varias periodistas y activistas están convocando a un acto contra los femicidios para el día 3/6 a las 17 horas en el Congreso, con la consigna: #Ni una menos.

LATINOAMERICAN DREAM

El matrimonio de Yeny Chambi y José Mamani junto a su hija Laura de un año, viajaron desde la ciudad boliviana de Tupiza hasta Buenos Aires, en el año 1980. “Vinimos a la Argentina para trabajar y progresar”, comentó la esposa. En esa época Bolivia no estaba en una buena situación económica y no había suficiente trabajo. El país andino estaba siendo gobernado por el régimen militar del Coronel Hugo Banzer, la mala administración económica y la caída del precio del estaño, un mineral que exportaban, dejó a Bolivia con deuda, hiperinflación y una disminución del dinero que ingresaba por las exportaciones.

Como la pareja no tenía documentos, los primeros trabajos que realizaron fueron de albañil y de empleada doméstica respectivamente. Vivieron en La Lucila, provincia de Buenos Aires, en la casa de un pariente, por pocos meses, hasta que pudieron ahorrar para alquilar un departamento en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. “Pero el alquiler nos resultaba muy caro”, afirmó el esposo y tuvieron que mudarse otra vez a una pequeña casa en el barrio bonaerense de San Martín en la cual vivieron dos años.

Casa propia

En 1980 nació su segundo hijo, Wilberto Mamani por este motivo, tuvieron más facilidades para hacer los trámites y dejaron de ser indocumentados. Esto les posibilitó conseguir mejores empleos, Yeny trabajó como empleada en un laboratorio y su esposo entró en una fábrica de Johnson & Johnson. Se mudaron nuevamente a otra casa, en esa oportunidad  en la localidad de Sáenz Peña, también del conurbano bonaerense, en la que vivieron varios años. “La dueña de la casa nos propuso comprarla pero los ahorros que teníamos no nos alcanzaban”, sostuvo la esposa.

Las vicisitudes vividas por esta familia para conseguir su casa propia son las mismas que la de muchas otras y no todas logran tener su vivienda. El déficit habitacional en la Argentina es una falencia que persiste a través de los diferentes gobiernos. Durante la primera presidencia de Juan Domingo Perón, se realizaron políticas que favorecieron el acceso a la vivienda de los sectores  más humildes. Las medidas fueron: otorgar créditos a través del Banco Hipotecario Nacional para construir viviendas y se congelaron los precios de los alquileres. A partir de la década del 90 con el modelo económico neoliberal acceder a una vivienda dependió de “la mano invisible” del mercado. Por este motivo se redujo la cantidad de propietarios en todo el país: en 1980 era del 71,4%, cae al 70,64% en 2001 y al 67,70% en 2010. Como muestran los porcentajes el acceso a la casa propia disminuyo considerablemente.

Marido y mujer empezaron a buscar propiedades que pudieran comprar pero las casas que veían tenían precios imposibles de pagar. Hasta que un amigo les comentó que en el barrio mal llamado “Fuerte Apache” estaban vendiendo viviendas por poco dinero. Ese complejo habitacional en realidad se llamaba Ejército de los Andes, se planificó durante el gobierno de Arturo Illia. Luego, en  1971 el Estado realizó una licitación  y se construyeron 2400 viviendas. Después, en 1973 cuando Héctor Cámpora era presidente se ocuparon los primeros departamentos.

Finalmente, en 1990 Chambi y Mamani  compraron un departamento en el mencionado barrio, tenía tres habitaciones pequeñas, un comedor, una cocina y un baño. “Nos quedamos en el barrio para poder ahorrar”, aseguró José y agregó:”Era barato vivir ahí porque no pagábamos ni alquiler, ni expensas”.

“En los negocios que estaban dentro del barrio comprábamos verdura y carne a precios muy económicos”, destacó Yeny. “La mayoría de los vecinos eran trabajadores”, comentó José y agregó: ”No eran todos chorros”.

Los padres tenían una visión del barrio diferente a la de su hijo, a quien al principio le costó adaptarse a la nueva localidad donde vivía. Le robaron varias veces adentro del barrio, le sacaban la plata que tenía y las zapatillas. “Me ofrecieron droga a los 10 años”, confesó Wilberto y agregó: “Me asusté y me fui corriendo a mi casa”. Aunque no todas las experiencias fueron “malas” “con un grupo de vecinos vi mí primera revista pornográfica”, contó una vez. Wilberto aseguró: “Fuerte Apache era un purgatorio donde entrabas a purgar la ineficacia de tu vida económica y no salías más”.

Yeny Chambi trabajó por la mañana y a la noche estudiaba la carrera de Radiología en la Cruz Roja, porque quería ser una profesional. Mamani cuidaba a sus hijos durante el día, luego los dejaba al cuidado de un familiar y trabajaba en el turno nocturno. La familia vivió 2 años en Ejército de los Andes, durante ese tiempo pudieron ahorrar dinero, buscaron una vivienda para poder mudarse por última vez y la encontraron en el ya mencionado barrio de Sáenz Peña. Pero, la última noche que pasaron en “Fuerte Apache” “a mi papá le pegaron y le robaron el sueldo que había cobrado”, comentó su hijo y agregó:”Yo veía desde la ventana de mi casa como le estaban pegando pero no podía hacer nada”. A pesar de este problema, la familia se mudó igual.

La casa que se compraron era antigua, tuvieron que modificarla un poco, con el tiempo construyeron un segundo piso, la vivienda cuenta ahora con un comedor, una cocina, 3 habitaciones, 2 baños y un patio. “Logramos mejorar y vivir en nuestro hogar”, destacó Yeny y agregó: “El que quiere y puede progresa”.

La vida de una militante

Claudia Castrosin

“Ser lesbiana es una posición política, una identidad y una bandera de lucha”, aseguró Claudia Castrosin la vicepresidenta de la Federación Argentina de lesbianas, gays, bisexuales y trans (FATLGB), también es militante de la agrupación La Fulana y tiene una extensa trayectoria en la lucha por los derechos de la diversidad sexual.

Castro es platense, a los 19 años comenzó a estudiar teatro y en ese momento de su juventud “tenía todo un rollo con mi orientación sexual y me gustaba una compañera de ese taller”. Luego conoció mejor a esa chica, se enamoró y fue su pareja por dos años.

Empezó a investigar dónde había organizaciones de lesbianas, “lo que buscaba era otras mujeres que les pasara lo mismo que a mí”, pero en la ciudad de las diagonales no existían todavía este tipo de espacios. Se enteró que había una revista que se llamaba NX de cultura gay, la compró en un sexshop, luego volvió a su casa, fue a su habitación y la miró a escondidas. “En la última parte de la revista había organizaciones de lesbianas, ahí estaba La Fulana, era el único espacio que tenía un número de teléfono, que todavía me lo acuerdo: era el 49417640”, llamó, “me atendió María Rachid que es una de las fundadoras de la organización y así fue que empecé a ir”. De a poco se fue acercando a la organización “hasta que me encantó el espacio y me quedé”.

La Fulana  la contuvo en su “salida del closet”, la relación con sus padres era cada vez más problemática. “Terminaron diciéndome que no podía vivir más en mi casa” por su orientación sexual. El espacio se convirtió en un lugar de albergue para ayudar a las jóvenes que eran echadas de sus hogares discriminadas por sus propios familiares. Las ayudaban a armar un currículum para poder conseguir un trabajo. Claudia Castrosin afirmó: “La contención emocional  que a mí me daban yo también se la brindaba a las compañeras que llegaban”.

Además, la organización en la década del 90´ era un lugar que la acercó a la política.  Cuando los militantes de  H.I.J.O.S se quedaron sin espacio para juntarse La Fulana les prestó su casa. “En ese momento se peleaba por la derogación de las leyes de Obediencia Debida y Punto final y porque los militares estuvieran en el banco de los acusados” contó una vez.

En este espacio de lucha también leyó libros que la acercaron al feminismo. En esta organización ella sabía que podía defender los derechos de las lesbianas y mujeres bisexuales. “Desde este espacio pude ver un mundo maravilloso  en el cual podía aprender y luchar”.

Una de las banderas de lucha de La Fulana es la visibilidad, “es una herramienta que existe para desarmar los prejuicios que existe alrededor del lesbianismo”. La vicepresidente de la  FALGBT argumentó que la relación entre dos mujeres está pensada como sexual, pornográfica para el placer del macho argentino. Además, en  el periodismo y en la televisión argentina las lesbianas “han aparecido estigmatizadas como drogadictas, locas y asesinas”.  La militante señaló: “Yo no me presentó como lesbiana porque sí, me identifico de esa manera para visibilizar a mis compañeras y para que la desigualdad caiga”.

Castrosin fue presidente de La Fulana entre 2005 y 2012.

Fue una de las activistas que militó a favor de la ley 26.618 de matrimonio entre personas del mismo sexo. Claudia Castrosin aseguró: “Para mí no hay nada imposible, en una mesa de bar diseñamos una campaña por el matrimonio igualitario y hoy es una realidad”, y agregó: “Nos acostábamos a las 3 de la mañana y nos levantábamos a las 6, durante tres años para convencer a una sociedad”. Viajó por el país presentando la ley de matrimonio igualitario y así se amplió el apoyo a la misma, la ley fue aprobada por el congreso el 15 de julio del 2010. También, luchó  por la ley 26.743 de identidad de género.

Durante las crisis de 2001 todas las militantes de la agrupación formaron parte de la asamblea de porteños que se juntaban entre las calles Rivadavia y Ayacucho. En el local se armó un comedor comunitario y durante las charlas con los vecinos de la asamblea aprovechaban para hablar sobre diversidad sexual.

En el año 2010  Castrosin se casó con Flavia Massenzio y en el 2012 adoptaron una niña.

La sociedad argentina todavía tiene muchos prejuicios y las lesbianas siguen sufriendo discriminación, “una vez nos quisieron echar de un bar porque estaba tomando de la mano a mi compañera” comentó Castrosin y agregó: “No agacho la cabeza y me voy sino que hago la denuncia en ese momento”.

Con respecto a la legislación sobre discriminación por diversidad sexual advirtió: ”Estamos todavía como en el cascarón porque hay varias leyes que resguardan a las diferentes identidades pero no se pusieron en marcha”. La Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA) “tiene un apartado de no discriminación de cualquier identidad sexual o expresión de género y es maravilloso, pero todavía falta muchísimo”. Por eso desde La Fulana y la Federación Argentina de lesbianas, gays, bisexuales y trans (FALGBT) las militantes impulsaron una nueva ley de penalización de actos discriminatorios para que puedan contar con un instrumento efectivo para desterrar cualquier tipo de prejuicio.

Además, la  FALGBT propuso un proyecto de ley para terminar con la resolución discriminatoria del Ministerio de Salud que no les permite donar sangre la cual ya tiene media sanción en la Cámara de Diputados y tiene que ser tratada en el Senado.

La Fulana le brindó muchas satisfacciones, afirmó: “Soy una orgullosa del espacio, lo sostenemos hace 16 años habiéndonos mudado muchas veces, porque nunca tuvimos un lugar propio y no lo tenemos todavía”. Además, “La militancia me llenó de amigos, me dio todo y La Fulana es una organización reconocida a nivel mundial” reconoció la vicepresidenta de la FALGBT.

La felicidad de Castrosin  será más plena cuando se cumplan sus anhelos.  “Mi sueño es que no exista ni la Fulana, ni la FALGBT, ni ninguno de estos espacios porque eso va a significar que no son necesarios porque ya nadie discrimina por orientación sexual” admitió la militante.

“POR SER PERIODISTA NO TE ESTA NEGADA LA IDENTIDAD POLÍTICA”

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“Por ser periodista, no te está negada la identidad política; uno tiene que decir desde donde habla”, aseguró la periodista Sandra Russo y agregó: “A mí no me molesta para nada que me digan que soy kirchnerista porque lo soy”. Russo es una escritora que no tiene miedo de decir lo que piensa, no tiene pelos en la lengua. Aunque hacerlo público le trajo varios problemas, ya que sufrió momentos violentos en la calle y “hasta me han llegado a gritar cuando se vaya este gobierno no vas a laburar más, hija de puta”, contó una vez.

Russo reconoce que por haber vivido la dictadura de 1976 durante su juventud le costó encontrar una afinidad política hasta el 2003 que llegó Néstor Kirchner a la presidencia y sintió que sus ideas coincidían con la ideología kirchnerista, “generacionalmente siempre quise tener una afinidad política pero nunca se me dio la oportunidad” afirmó en una entrevista.  Además, aseguró: “El periodismo es una herramienta para cambiar la sociedad”.

En 1975 terminó el secundario y se recibió de bachiller. En 1976 comenzó a estudiar Sociología pero nunca terminó esta carrera. Luego curso Letras y después estudió en el Conservatorio de Arte Dramático de Buenos Aires. En 1983 empezó la carrera de Comunicación de la cual hizo un poco más de la mitad. “En ese entonces ya hacía muchos años que me ganaba la vida como periodista. La carrera dejó de interesarme y no la terminé”, comentó la escritora.

Russo tiene treinta años de trayectoria en el periodismo, trabajó desde muy joven como periodista con 19 años estuvo por poco tiempo en la revista “El expreso imaginario”. Luego, trabajó en la revista Humor. Después, en Superhumor. Además, participó en el diario Página 12 desde el nacimiento del matutino en el año 1987.  En este medio gráfico comenzó como redactora de política internacional, luego como editora de la revista Página/30. Al mismo tiempo, publicaba sus  contratapas como columnista del diario.

Tuvo su paso por el medio radiofónico en el 2006, trabajó en el programa Animados el cual era conducido por Lalo Mir, por radio Mitre. En el 2010 tuvo su propio programa llamado “el nombre de las cosas” por radio Nacional y actualmente conduce “Déjamelo pensar” por radio del plata los sábados de 9 a 12 horas.

En el 2009 se hizo más conocida en la televisión por su participación como panelista en el programa 678 de la televisión pública.

Russo se caracteriza físicamente por usar el pelo corto teñido de un color rojo intenso, que combina de manera perfecta con sus ojos de color celeste. Siempre se viste de manera elegante y utiliza unos anteojos de marco grueso que armoniza de manera precisa con el marco de su cara.

Es una de las mejores plumas periodísticas de la Argentina con una prosa clara y precisa sabe cómo contar una anécdota y hacerla atractiva para los lectores.

En 2010 comenzó a  tener entrevistas con Cristina Fernández de Kirchner para escribir su biografía que publicó en 2011 llamada “La presidenta. Historia de una vida”.

También publicó otros libros: “No sabés lo que me hizo”, “ArqueTipos”, “Contratapas”, “Perdonen nuestros placeres”, “Erótika: crónica de mis viajes por ti”, “Jallalla: la Túpac Amaru, utopía en construcción” y   su último libro fue  publicado en 2014 “Fuerza propia. La Cámpora por dentro”.

“EL TEATRO ES UN LUGAR MÁGICO DONDE SE PUEDE DETENER EL TIEMPO”

Virginia Godoy  más conocida como Señorita Bimbo. Hoy se destaca con su monólogo en “Rococó” junto a Maju Lozano, María Carámbula, Natalia Carulias y Diego Reinhold. Además, conduce el programa “Spam” junto a Alejandro Lingenti por Nacional Rock.

¿En Rococó, cómo se prepara para superar el miedo de estar sola en el escenario?

Cuando tengo más miedo es en el estreno de la obra, cuando sé que me falta poco para salir a escena. Pero después, a medida que van pasando las funciones ese miedo se va yendo. Para tratar de no estar nerviosa en el escenario me voy dos horas antes de la función, me maquillo y me visto con anticipación.

¿Cómo se inspira para escribir tus propios monólogos de stand up en Rococó?

No escribo ficción. Todo lo que cuento en mis actuaciones son cosas que me pasaron, trato de transformar mis experiencias personales y decepciones amorosas  en situaciones humorísticas para poder hacer reír al público.  Cuando tengo una idea trato de anotarla para no olvidarla, busco  lo gracioso en eso y lo utilizo en los guiones.

¿Existe el humor femenino?

No, no existe lo que hay son diferentes maneras de hacer humor. A mí no me gusta hablar de cuestiones livianas o lugares comunes sobre temas femeninos en mis monólogos como la  depilación o la menstruación o que los hombres son todos iguales. Prefiero el humor humano.

 ¿Qué es lo que más disfruta de la actuación?

 El teatro un lugar mágico  donde se puede detener el tiempo,  manipular la realidad, detener mi vida y olvidarme de los problemas por un rato.  Descansar de uno mismo para interpretar un personaje. Producirle ideas, imágenes y emociones a  los espectadores.

¿Por qué decidió estudiar teatro?

Fue por intuición. En la escuela lo que más me gustaba era actuar en los actos y siempre me retaban por hablar en clase. Estoy convencida de que para triunfar en cualquier profesión por más que tengas talento hay que  formarse. Empecé a estudiar desde los 16 años con Alicia Bruzzo,  también estudié mucho tiempo en Andamio 90 y después con  Carlos Gandolfo. Sobre todo decidí estudiar teatro porque podía interpretar un personaje totalmente diferente a mí.

 ¿Qué personajes  interpretados en televisión  o  teatro le gusto más?

Fue importante para mí ser  Catalina en el unitario “Televisión  por  la inclusión”. También  disfrute mucho ser Perón, ya que tuve que personificar a un personaje masculino, junto a Andrea Carballo, como Evita, dirigidas por Nora Lezano.

Y pronto sale el capítulo ocho  de “Por ahora”, la serie de Malena Pichot que se emite en Cosmopolitan  donde interpretó a Vesta, un personaje  increíble. Más que nada me gustan los personajes que son lo opuesto a mí.

 ¿Prefiere trabajar en radio, teatro o televisión?

El teatro es la madre de todo. Y la radio es el mejor trabajo que pude haber soñado. La tele es algo muy específico con  reglas y realidades que solo existen en ese ámbito.