Publicado en Femicidio, Violencia de género

Realizaron un recorte de $67 millones en el Plan Nacional de Acción para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia contra las mujeres

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Varias organizaciones de mujeres denunciaron el recorte de $67 millones que realizó el Gobierno de Cambiemos del presupuesto del Consejo Nacional de las Mujeres y del Plan Nacional de Acción para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia contra las mujeres. La decisión tiene la firma del Jefe de Gabinete, Marcos Peña y fecha del 11 de Enero del 2017.
Las siguientes entidades: ELA (Equipo Latinoamericano de Justicia y Género), , ACIJ (Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia), CAREF (Comisión Argentina para los Refugiados y Migrantes), FEIM (Fundación para el Estudio e Investigación de la Mujer), MEI (Fundación Mujeres en Igualdad )y Siglo 21 le solicitaron a la Justicia para que declare la inconstitucionalidad de la medida adoptada por el funcionario, Marcos Peña.
A través de Twitter Fabiana Túñez, Presidenta del Consejo Nacional de las Mujeres aseguró que se trató de un error en el Boletín Oficial que será saldado, pero aún no se corrigió.
“Si la eliminación estos fondos en la decisión administrativa determina las partidas para la ejecución del gasto, fue producto de un error, ese error debe ser rectificado con las formalidades propias de las normas. Es decir, con una nueva decisión administrativa de fecha posterior, que se publique en el Boletín Oficial. Al día de hoy y habiendo transcurrido un mes desde la publicación de esa Decisión Administrativa, eso no pasó. Hasta tanto esto no suceda, lo concreto es que esos fondos no parecen estar garantizados”, declaró Natalia Gherardi, directora de ELA en diálogo con el sitio “Nuestras Voces”.

 

Publicado en Cooperativa

Abrieron una peluquería Trans, para salir de la prostitución

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Diez mujeres trans y migrantes abrieron una peluquería para salir de la prostitución. Armaron una cooperativa de trabajo llamada “Las Charapas”, en la cual se dividen las horas para trabajar, el local está en la ciudad de La Plata, en la provincia de Buenos Aires.

“Desde que estoy en la pelu me siento más protegida. No más palizas, ni robos, ni contagiarse enfermedades. Acá vemos otro tipo de gente. Nos relacionamos con otras personas”, afirmó Andrea Vargas, oriunda de Perú.

“Con Las Charapas venimos a reafirmar nuestra posición frente a la prostitución, que entendemos no es un trabajo, porque es violento y hay una cosificación del cuerpo que puede ser usado y descartado. Y es el Estado el que tiene que generar políticas públicas para que las compañeras puedan acceder a condiciones de vida dignas y a un proyecto de vida”, argumentó Claudia Vásquez Haro.

Un trabajo de investigación realizado por la Asociación Civil Otrans consultó a la comunidad trans que habitualmente trabajan en la Ciudad de las diagonales y las estadísticas reflejaron que el 75% de ellas cambiaría la prostitución por otro empleo si tuvieran acceso a un trabajo formal.

Ninguna inmobiliaria les quiso alquilar un local por este motivo “Las Charapas” se montó en la casa de  Vásquez Haro.

 

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Publicado en Acoso callejero, Pensamiento Machista

Se realizó un Tetazo en el Obelisco

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Varias organizaciones feministas realizaron una protesta en el Obelisco llamada “Tetazo”, para protestar en contra del operativo que realizó la policía con el objetivo de desalojar a un grupo de jóvenes que realizaron topless en la playa de Necochea También se replicó la manifestación en las ciudades de Córdoba, Rosario y Mar Del Plata una de las consignas era la:”Represión machista sobre los cuerpos”.

 “Es muy fuerte que convoquemos a un tetazo y que los que primero lleguen sean los hombres, no para apoyar la causa, sino para mirar. Eso habla de nuestra sociedad”, afirmó Grace Brounosti Piquet
Publicado en violación, Violencia de género

Un Relato Estremecedor

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La periodista, Manuela Fernández Mendy escribió en el portal donde trabaja un estremecedor relato donde cuenta como dos hombres intentaron violarla en la ciudad de Buenos Aires, entre las calles Juan B Justo y Soler.
“Salí de la redacción, ubicada en el corazón de Palermo, y me fui a vivir. Encendí un cigarrillo en la vereda, acomodé mi cartera y emprendí la misma ruta de todos los días. El destino: el mural, mi mural. Hacía calor, había bandas tocando en la plaza del Polo. Minutos antes, mi mejor amiga me había mandado un mensaje diciéndome que estaba con su hija disfrutando del espectáculo. Pero no llegué a entrar. Un tirón, una navaja y un “vení, putita”, me lo impidieron”, redactó.
“Pero ese domingo, a las siete y diez de la tarde, desaparecí de un tirón de la faz de la tierra. Un hombre me tomó con abrupta violencia de un brazo, el otro me levantó de la cintura y llevó su mano a mi boca. Todavía siento impregnado el olor a óxido que emanaba”, escribió.
Mendy aseguró que le mordió la mano a uno de los agresores y gritó, en ese  momento otro hombre se acercó al lugar donde ella estaba y espantó a los delincuentes.
Acá podés leer el texto completo:
El paso a nivel de Soler tiene, tal vez, uno de los murales más lindos que vi en Buenos Aires. “Es tiempo de brillar”, reza la frase, adornada con venecitas de colores, que supe retratar y elegir hace casi un año como foto de portada de Facebook. Es uno de los accesos al nuevo “distrito fashion” de Palermo, el “Bronx”, para los adiestrados agentes inmobiliarios de la zona. Un shopping que alberga las marcas más exclusivas, el moderno polo científico y su nueva plaza aledaña, a la que suelo llevar con frecuencia a mi sobrina de tres años: el combo que acompañó la “lavada de cara” del viejo corredor ferroviario abandonado de Juan B. Justo. 

Todos los días, cuando vuelvo de la redacción, cruzo el colorido paso a nivel de Soler, a veces custodiado por un efectivo de seguridad privada que cuida el estacionamiento emplazado en paralelo a las vías del tren, otras desolado.

 Aunque mi cabeza esté inmersa en un océano de dilemas existenciales, o simplemente perdida en alguna canción que tarareo mientras camino, todos los días miro de reojo y con cierta complicidad ese mural. Mi mural. Un “liviano” episodio de inseguridad, en el que un hombre me corrió a las cinco y media de la mañana por tres cuadras al grito de “sos mía”, me había obligado hace un año a abandonar mi habitual caminata matutina y reemplazarla por un fugaz viaje en taxi, de sólo seis cuadras y por el que pago la no tan módica suma de $40 diarios. 

Entro a trabajar a las seis de la mañana, horario en el que durante gran parte del año la penumbra invade las callecitas de adoquines. 

“Mejor prevenir, que curar”, suelo excusarme ante los tacheros, en cuyos rostros se puede ver con claridad la decepción de haber aceptado un viaje tan corto. El negocio, claro, son las salidas de los boliches que ofrecen, además, personajes mucho más pintorescos que quien escribe estas palabras. 

Ayer a la tarde apagué la computadora. La misma en la que estoy escribiendo ahora. Me despedí de mis compañeros y, a diferencia de mi habitual saludo dominical en el que suelo maldecir con ironía a algún personaje impuesto por la agenda mediática, les dije: “Me voy a vivir”. Esas frasecitas que, parafraseando una respuesta que Julio Cortázar le dio al gran Osvaldo Soriano, terminan convirtiéndose en “proféticas”. “Después, retrospectivamente, te das cuenta de lo que contenían”.

El ingreso al oscuro pasillo. 

Salí de la redacción, ubicada en el corazón de Palermo, y me fui a vivir. Encendí un cigarrillo en la vereda, acomodé mi cartera y emprendí la misma ruta de todos los días. El destino: el mural, mi mural. Hacía calor, había bandas tocando en la plaza del Polo. Minutos antes, mi mejor amiga me había mandado un mensaje diciéndome que estaba con su hija disfrutando del espectáculo. Pero no llegué a entrar. Un tirón, una navaja y un “vení, putita”, me lo impidieron. 

Desaparecí de la faz de la tierra. Estaba a diez metros del lugar en el que decenas de personas participaban de un festival al aire libre. Sólo otros cinco me separaban de una de las avenidas más transitadas de la ciudad. Pero ese domingo, a las siete y diez de la tarde, desaparecí de un tirón de la faz de la tierra.

 Un hombre me tomó con abrupta violencia de un brazo, el otro me levantó de la cintura y llevó su mano a mi boca. Todavía siento impregnado el olor a óxido que emanaba. Fueron dos precisos movimientos que me sacaron de mi mural y me acorralaron en “el pasillo de Juan B. Justo”. Sentí la navaja rozar mis costillas e instalarse con comodidad en mi cintura. El de gorrita, el mismo que me había deslizado al oído ese repulsivo “putita”, sostenía la punzante amenaza contra mi cuerpo, mientras procuraba taparme la boca con firmeza –otra vez, el olor a óxido- y respirarme al oído. 

El otro, con la perversión impregnada en sus apagados ojos, me miraba de arriba abajo. “Mamita”, se regodeó, mientras comenzó a masturbarse. Se mas-tur-bó: no pienso utilizar un sinónimo suave. Comenzó a deslizar su mano con velocidad sobre su miembro y le pidió a su colega que me sacara las calzas. “Rápido boludo, rápido que acabo”. 

Nunca me sentí más sola, ni vulnerada en mi vida. Mi cuerpo temblaba, mis manos no me respondían y mis piernas comenzaban a aflojarse. Estaba en trance. Sólo podía pensar en una persona, en lo que necesitaba a esa persona en ese momento. Un escape “feliz” al horror que estaba viviendo.

 “Se me cae, se me cae”, gritaba el otro, lastimándome con la navaja para que me quedara quieta. Y fue ese filo, el mismo con el que pretendía dominarme y someterme, el que me activó.

 Mordí su oxidada mano con el odio condensado de 28 años de abusos de género. Mordí sus dedos, que ahora impregnaban de sabor a óxido mi boca, como si les estuviera devolviendo gentilezas a todos los hombres que, a su manera, me habían sodomizado o sometido. Jefes, ex parejas, compañeros de trabajo, de colegio, de facultad, profesores. Los mordí a todos. Vi sus rostros en mi cabeza y clavé con fuerza toda mi dentadura. “Puta de mierda”, dijo y me soltó con violencia al piso. 

Empecé a arrastrarme por el corredor de tierra, repleto de preservativos y chapitas de cerveza que me lastimaban las rodillas. El otro, todavía con el miembro al aire, atinó a agarrarme de una pierna y lo logró. Pero grité. Grité fuerte. Su mano, la misma con la que minutos antes se había masturbado, no logró llegar a mi boca. Grité tan fuerte que todavía siento ardor en mi garganta.

Estaba a media cuadra de la salida del pasillo. A media cuadra del mural que todas las tardes me invitaba a “brillar”. Escuchaba la música de fondo. Pasó el tren. Seguía arrastrándome y gritando. Ahora eran dos los que, reincorporados, volvían por su presa. Pero hubo un valiente. Hubo un hombre que se metió en el pasaje y los amedrentó con su sola presencia. Y los compadritos, los machos cabríos que se creían invencibles frente a la “debilidad física” de una mujer, corrieron como ratas. Los cagones, salvajes e hijos de puta se escaparon por el pasillo y se refugiaron en el asentamiento ubicado a pocos metros. El mismo al que nadie se anima a entrar, ni la policía que, alertada por los cientos de denuncias que los vecinos presentan a diario, elige mirar para otro lado. 

No sé el nombre de la persona que me rescató. Espero que estas líneas le acerquen mi profundo agradecimiento. Tampoco recuerdo bien cómo llegué a mi casa. Sé que me bañé durante casi dos horas para sacarme el olor a óxido que, sentía, se había impregnado en cada centímetro de mi piel. No hice la denuncia. De nada sirve. La complicidad de la comisaría de la zona con las “banditas del pasillo” es conocida en el barrio. 

Pero elegí dar batalla desde mi lugar. Elegí convertir mi pluma, o en este caso mi teclado, en un misil. Para que todos recordemos que esos cobardes no sólo son producto de las políticas de Estado que excluyen año a año a miles de personas y a las que como sociedad tenemos la obligación de darles una respuesta, sino que también son hijos, hermanos y nietos. Alguien los crió. Con alguien brindan en Año Nuevo. 

Esta mañana volví a caminar la zona, elegí que el temor no me paralizara. Me compré el café de todos los días y vine a trabajar. Ninguno de mis compañeros sabe qué es lo que estoy escribiendo, salvo mi jefe. Elegí dar pelea y, por sobre todas las cosas, seguir brillando, porque no soy, ni pienso ser la puta de nadie.
Publicado en guerrillas

El Feminismo según Caitlin Moran

“1) El feminismo es demasiado importante para dejarlo sólo en manos de eruditos. Y más pertinentemente:

2) No soy una feminista erudita, pero, por el amor de Dios, el feminismo es algo tan serio, urgente y trascendental que ha llegado el momento de que lo defienda una desenfadada columnista de periódico de gran formato, amén de crítica de televisión a tiempo parcial, con una ortografía horrible. Cuando un asunto es emocionante y divertido quiero participar en él, no quedarme mirando desde fuera. ¡Yo también tengo algo que decir”

Publicado en abuso de menores

Confirmaron el procesamiento de Cristian Aldana

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El cantante del Otro Yo, Cristian Aldana que actualmente se encuentra preso por abuso sexual de menores, fue procesado por la Justicia.
La Cámara Nacional en lo Criminal confirmó el procesamiento del artista por el delito de”abuso sexual agravado por mediar acceso carnal, gravemente ultrajante en concurso de corrupción de menores”.
Los Jueces: Mariano Scotto, Rodolfo Pociello Argerich y Mariano González Palazzo resolvieron
que:  “El contexto descripto por las perjudicadas y los testigos han encontrado corroboración en las verificaciones psicológico-psiquiátricas informadas por especialistas del Cuerpo Médico Forense”, argumentaron los Magistrados.

 

Publicado en escritora, feminismo

Simone de Beauvoir la filosofa feminista

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Simone de Beauvoir fue una filósofa francesa,  nació el 9 de enero de 1908 en París, Francia y habría cumplido 109 años.

Es una gran referente de la historia del feminismo ya que escribió “El segundo sexo” en 1949 en el cual realizó un trabajo de investigación sobre la opresión de la mujer.

“No se nace mujer: se llega a serlo. Ningún destino biológico, psíquico, económico, define la imagen que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; el conjunto de la civilización elabora este producto intermedio entre el macho y el castrado que se suele calificar de femenino”, redactó en su más famoso libro.

Simone de Beauvoir fue pareja de Jean Paul Sartre con quien nunca se caso, ni convivió y tampoco tuvo hijos ya que ambos no aceptaban el modo de vida burgués y tradicional.

La escritora también escribió otras novelas y ensayos muy interesantes como: “Los Mandarines” (1954), “La invitada” (1943), “Memorias de una joven formal” (1958) y “La mujer rota”, entre otras.