NIÑAS VERSUS PRINCESAS

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Niñas versus princesas es un juego gratuito que puede descargarse desde  Play Store.   Esta aplicación quiere destruir los estereotipos del género femenino, ya que, la protagonista es una niña que debe esquivar los zapatos que le lanzan unos roperos rosados y  también debe huir cuando ve al hada madrina que le quiere colocar un maquillaje cegador.

Los objetos aliados de la niña son los libros, los pinceles,  entre otros elementos que ayudan a la protagonista a luchar contra sus “enemigos”. Además, si la jugadora no es muy astuta, el princesómetro irá en aumento hasta convertirla en una princesa.

El juego fue una iniciativa de PICA  que es un proyecto comunicacional para brindar información a jóvenes  y contaron con el apoyo de Hivos.

El juego no busca atacar a las princesas, sino mostrarle  a las niñas y jóvenes que tienen otras opciones y no siempre tienen que formar parte de la realeza para poder jugar de manera divertida.

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PROTESTA A FAVOR DEL PARTO EN CASA

En el mes de mayo el Ministerio de Salud estaba por emitir un documento en el cual establecía qué mujeres argentinas podían tener los partos en sus hogares y cuáles no. Ese escrito afirmaba: que una mujer de 35 años no podía parir en su casa, si la embarazada tenía sobrepeso tampoco podía y si era muy flaca tampoco. A raíz de este comunicado el 14 de mayo del 2015 parteras, médicas y obstetras con sus torsos desnudos realizaron un corte en la 9 de Julio, para protestar en contra del mencionado documento, y también para manifestar su apoyo al parto en las casas. “Las tetas llamaron la atención de los medios masivos de comunicación y nos ayudaron a frenar el escrito del ministerio”, afirmó Marina Lembo presidenta de la Asociación Argentina de Parteras Independientes (AAPI). “El Ministerio de Salud negó la existencia del escrito y el mismo fue desechado”, aseguró Lembo. Actualmente, el subsecretario de Medicina Comunitaria Maternidad e Infancia del Ministerio de Salud de la Nación, Nicolás Kreplak, convocó a reuniones a la AAPI, al Colegio de Obstétricas de la Provincia de Buenos Aires, entre otras asociaciones para elaborar un nuevo documento que no restrinja la posibilidad de cualquier mujer de poder parir en la intimidad de su hogar.

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LA ABANDERADA DE LOS DESCAMISADOS

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Hoy se cumplen 63 años del fallecimiento de María Eva Duarte de Perón, ocurrida el 26 de julio de 1952. Evita fue una gran política, ya que después de su decidida intervención, obtuvo, en 1947, la sanción de la  ley 13.010 que les permitió a las mujeres argentinas tener derecho a votar, es decir  a elegir y a ser elegidas. Eva Duarte no es solo un mito de la historia de nuestro país sino que, fue una figura importante de carne y hueso que siempre luchó por el bienestar de los más humildes o como a ella le gustaba llamarlos sus “descamisados”. A través de la Fundación que llevaba su nombre, construyó hospitales, escuelas, creó colonias de vacaciones y difundió el deporte entre los niños. María Eva Duarte de Perón siempre ocupará un lugar importante en el corazón de todos los argentinos no sólo por sus acciones sociales sino por, otorgarle más derechos a las mujeres de nuestra patria.

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Por todas, Ni una menos#

In Memoriam de Myriam  Saganias

200.000 personas asistieron el miércoles 3 de junio del 2015  a las 17 hs a  la movilización de Ni una menos.

Los vagones de la línea de subte B estaban llenísimos de jóvenes, niñas/os, madres y padres con sus bebés en brazos y familias enteras,  que se iban caminando hacía el Congreso.

En la esquina de Callao y Corrientes ya se podían ver las pancartas de los centros de estudiantes, de varios colegios porteños, que querían estar presentes en la plaza

Había familiares, amigos e hijos de víctimas de violencia de género, que llevaban pancartas con las fotos de las mujeres asesinadas.

También, había sobrevivientes, señoras que padecieron la violencia cuando todavía no existía la comisaría de la mujer y no estaba la ley Nº 26.485 (contra la violencia de género) que las protegía.

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“No va a haber denuncia porque si yo se la tomo, tengo que pasar a su hijo a un instituto de menores”, aseguró Lucía Martínez,  que le dijo un comisario la primera vez que denunció a su marido por golpeador.

“Hice la denuncia por violencia y me fui de mi casa con mis tres hijos” contó Bettina Soberon,  y agregó: “Estuve 12 años soportando golpes, pero pude salir y ahora lo puedo contar”.

La movilización de Ni una menos sirvió para fomentar las políticas públicas, ya que, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación conformó la Unidad de Registro, Sistematización y Seguimiento Nacional de Femicidios,  que ya está funcionando.

Ni una menos# marcó un antes y un después en la vida de las argentinas porque fue un grito de bronca y un aullido por todas aquellas mujeres que ya no están.

BASTA DE PIROPOS

“Cuando tenía 15 años un hombre me tocó mientras hacía gimnasia en un club”, confesó Paula Corleone y agregó: “Otro hombre me siguió cuando caminaba por la calle, mientras me decía groserías”. Esta joven asistió a una manifestación que se realizó en contra del acoso que padecen las mujeres.

En el marco de la Semana Internacional Contra el Acoso Callejero, del 12 al 19 de Abril, el Comando Antipajeros realizó una intervención callejera en el barrio porteño de Caballito. La convocatoria se realizó por la red social Facebook y el punto de encuentro fue la esquina de Acoyte y Rivadavia, a las 20 horas.

El Comando Antipajeros está formado por veinte mujeres jóvenes, aunque no tiene una cantidad fija. Es una organización democrática, horizontal, apolítica y participativa. Además, “Tiene como objetivo denunciar el acoso callejero y cualquier forma de violencia contra la mujer” aseguró Julieta González, integrante fundadora del grupo.

La organización nació en febrero del 2014, cuando varias chicas que jugaban a la pelota en una placita barrial detectaron a un hombre que se masturbaba y lo echaron del lugar. A partir de ese suceso, decidieron organizarse y denunciar el acoso que sufren las mujeres en las calles. Así surgió el Comando Antipajero.

El jueves 16 de abril parecía un día normal. Los porteños salían y entraban al subte o esperaban un colectivo. Hasta que, a las 20.15, comenzaron a llegar las primeras chicas que querían participar de la intervención callejera. Las jóvenes, desafiantes, seguras de sus consignas, tenían carteles que no dejaban lugar a segundas lecturas: “Mi vestir no justifica tu actuar” y “Nos catalogan de putas por actuar con libertad”. No obstante el filo de sus frases, ninguna persona se detuvo a mirar los carteles o preguntarles qué estaban reclamando: ellas pasaban desapercibidas.

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Varias de las 40 mujeres que asistieron remarcaron que les molesta el piropo cuando es grosero y violento, como por ejemplo los ya desafortunadamente clásicos en el léxico porteño: “Te voy a romper el orto” o “Te chuparía toda”.

“Me importa que a las mujeres nos respeten en la calle”, sostuvo Delfina Pereira, de 17 años, y agregó: “Soy chica, salgo con el uniforme de la escuela y me dicen groserías”. Paula Corleone, de 25 años afirmó: “Estoy cansada de que me digan cualquier cosa, hasta estando embarazada o con mi hijos sufrí el acoso”. “Las mujeres somos tratadas como objeto y no como sujeto y los hombres creen que pueden decirnos lo que quieran”, sostuvo Josefina Silva, de 22 años. La mayoría de las jóvenes coincidieron en que no importa la ropa que llevan puesta, siempre les dicen guarangadas en las calles.

A las 20:45 ya había 40 personas. Más tarde, las integrantes del Comando avisaron que fueran hacia el Parque Rivadavia así repartían los elementos para poder iniciar la actividad. Repartieron volantes, carteles y engrudo para poder hacer pegatinas. También, hubo varias participantes que llevaron stencils y pintura en aerosol para difundir las consignas: “No quiero tu piropo, quiero tu respeto”, “Yo elijo como me visto y con quien me desvisto”, “No soy objeto, soy sujeto” y  “Este cartel es delito, que me acosen en la calle no”, entre otras. Después de que se repartieron los elementos mencionados, se dividieron en dos grupos, uno hizo una pegatina sobre la avenida Rivadavia al 4900 hasta Acoyte y el otro caminó hasta la calle La Plata. El grupo que se quedó más cerca del punto de encuentro repartió volantes a la gente que pasaba con las consignas anteriormente mencionadas, también exhibieron carteles y caminaron hasta la calle José María Moreno y Rivadavia.

A las 21:45 apareció un policía que observaba a las jóvenes con detenimiento, como si sospechara que pudiera ocurrir algún disturbio. Por suerte la intervención callejera se realizó con normalidad y de manera pacífica.

Luego, a las 22, dos hombres les gritaron a algunas chicas que llevaban los carteles: “Nosotros no somos machistas y no tiene nada de malo decirle un piropo a una mujer”. Se fueron.

A las 22:30 terminó la actividad, las jóvenes se saludaron y volvieron a sus casas.

UNA LEY CONTRA EL ACOSO

Según una investigación de la ONG “Bullying Sin Fronteras”, hay más de 100 denuncias mensuales por acoso callejero, que originan los expedientes que llegan a los juzgados de Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la Provincia de Bs As. La solución para este problema según varias de las jóvenes que asistieron a la manifestación, sería una legislación penal. “Necesitamos una ley contra el acoso para que el Estado demuestre que no acepta esta forma de violencia”, aseguró Delfina Pereira.

“Sí, falta una ley contra el acoso, porque una legislación te permite tener los recursos para educar, concientizar a la gente y que exista un espacio donde reclamar”, comentó Julieta González, integrante del Comando Antipajeros.

Los legisladores saben que falta una ley, por eso la diputada Victoria Donda (Libres del Sur) presentó el 23 de abril pasado un proyecto que busca multar el acoso callejero. La iniciativa prevé que se apliquen sanciones con multas de hasta siete mil pesos a los acosadores y otros comportamientos que sean ofensivos para las mujeres. Que se haya presentado un proyecto de ley, es un avance contra el problema diario que representa el acoso para el género femenino. Pero el cambio más importante es cultural, las familias argentinas deberían dejar de naturalizar esta conducta que resulta intimidante para las jóvenes y niñas que caminan por las calles.

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Fotos de Sol Avena

#Ni una menos

Chiara Páez de 14 años fue hallada muerta, en un pozo en el patio de la casa de su novio, en la localidad de Rufino, provincia de Santa Fe. El joven quedó detenido y confesó el crimen.

Los familiares de la adolescente  creen que el chico no actúo solo, por eso también están detenidos  la madre del novio, su pareja y los abuelos maternos del chico. Además, la autopsia confirmó que la adolescente estaba embarazada, según el informe realizado por el equipo médico forense de Venado Tuerto.

La víctima era  buscada desde el domingo a la madrugada cuando su familia  hizo la denuncia por averiguación de paradero. A partir de ese momento, se puso en marcha un operativo de búsqueda:  se realizaron siete allanamientos y rastrillajes en los que no sólo participaron los efectivos policiales, sino que se sumaron 300 vecinos y vecinas.

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Por el asesinato de esta joven, y los femicidios que vienen ocurriendo en la Argentina varias periodistas y activistas están convocando a un acto contra los femicidios para el día 3/6 a las 17 horas en el Congreso, con la consigna: #Ni una menos.

LATINOAMERICAN DREAM

El matrimonio de Yeny Chambi y José Mamani junto a su hija Laura de un año, viajaron desde la ciudad boliviana de Tupiza hasta Buenos Aires, en el año 1980. “Vinimos a la Argentina para trabajar y progresar”, comentó la esposa. En esa época Bolivia no estaba en una buena situación económica y no había suficiente trabajo. El país andino estaba siendo gobernado por el régimen militar del Coronel Hugo Banzer, la mala administración económica y la caída del precio del estaño, un mineral que exportaban, dejó a Bolivia con deuda, hiperinflación y una disminución del dinero que ingresaba por las exportaciones.

Como la pareja no tenía documentos, los primeros trabajos que realizaron fueron de albañil y de empleada doméstica respectivamente. Vivieron en La Lucila, provincia de Buenos Aires, en la casa de un pariente, por pocos meses, hasta que pudieron ahorrar para alquilar un departamento en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. “Pero el alquiler nos resultaba muy caro”, afirmó el esposo y tuvieron que mudarse otra vez a una pequeña casa en el barrio bonaerense de San Martín en la cual vivieron dos años.

Casa propia

En 1980 nació su segundo hijo, Wilberto Mamani por este motivo, tuvieron más facilidades para hacer los trámites y dejaron de ser indocumentados. Esto les posibilitó conseguir mejores empleos, Yeny trabajó como empleada en un laboratorio y su esposo entró en una fábrica de Johnson & Johnson. Se mudaron nuevamente a otra casa, en esa oportunidad  en la localidad de Sáenz Peña, también del conurbano bonaerense, en la que vivieron varios años. “La dueña de la casa nos propuso comprarla pero los ahorros que teníamos no nos alcanzaban”, sostuvo la esposa.

Las vicisitudes vividas por esta familia para conseguir su casa propia son las mismas que la de muchas otras y no todas logran tener su vivienda. El déficit habitacional en la Argentina es una falencia que persiste a través de los diferentes gobiernos. Durante la primera presidencia de Juan Domingo Perón, se realizaron políticas que favorecieron el acceso a la vivienda de los sectores  más humildes. Las medidas fueron: otorgar créditos a través del Banco Hipotecario Nacional para construir viviendas y se congelaron los precios de los alquileres. A partir de la década del 90 con el modelo económico neoliberal acceder a una vivienda dependió de “la mano invisible” del mercado. Por este motivo se redujo la cantidad de propietarios en todo el país: en 1980 era del 71,4%, cae al 70,64% en 2001 y al 67,70% en 2010. Como muestran los porcentajes el acceso a la casa propia disminuyo considerablemente.

Marido y mujer empezaron a buscar propiedades que pudieran comprar pero las casas que veían tenían precios imposibles de pagar. Hasta que un amigo les comentó que en el barrio mal llamado “Fuerte Apache” estaban vendiendo viviendas por poco dinero. Ese complejo habitacional en realidad se llamaba Ejército de los Andes, se planificó durante el gobierno de Arturo Illia. Luego, en  1971 el Estado realizó una licitación  y se construyeron 2400 viviendas. Después, en 1973 cuando Héctor Cámpora era presidente se ocuparon los primeros departamentos.

Finalmente, en 1990 Chambi y Mamani  compraron un departamento en el mencionado barrio, tenía tres habitaciones pequeñas, un comedor, una cocina y un baño. “Nos quedamos en el barrio para poder ahorrar”, aseguró José y agregó:”Era barato vivir ahí porque no pagábamos ni alquiler, ni expensas”.

“En los negocios que estaban dentro del barrio comprábamos verdura y carne a precios muy económicos”, destacó Yeny. “La mayoría de los vecinos eran trabajadores”, comentó José y agregó: ”No eran todos chorros”.

Los padres tenían una visión del barrio diferente a la de su hijo, a quien al principio le costó adaptarse a la nueva localidad donde vivía. Le robaron varias veces adentro del barrio, le sacaban la plata que tenía y las zapatillas. “Me ofrecieron droga a los 10 años”, confesó Wilberto y agregó: “Me asusté y me fui corriendo a mi casa”. Aunque no todas las experiencias fueron “malas” “con un grupo de vecinos vi mí primera revista pornográfica”, contó una vez. Wilberto aseguró: “Fuerte Apache era un purgatorio donde entrabas a purgar la ineficacia de tu vida económica y no salías más”.

Yeny Chambi trabajó por la mañana y a la noche estudiaba la carrera de Radiología en la Cruz Roja, porque quería ser una profesional. Mamani cuidaba a sus hijos durante el día, luego los dejaba al cuidado de un familiar y trabajaba en el turno nocturno. La familia vivió 2 años en Ejército de los Andes, durante ese tiempo pudieron ahorrar dinero, buscaron una vivienda para poder mudarse por última vez y la encontraron en el ya mencionado barrio de Sáenz Peña. Pero, la última noche que pasaron en “Fuerte Apache” “a mi papá le pegaron y le robaron el sueldo que había cobrado”, comentó su hijo y agregó:”Yo veía desde la ventana de mi casa como le estaban pegando pero no podía hacer nada”. A pesar de este problema, la familia se mudó igual.

La casa que se compraron era antigua, tuvieron que modificarla un poco, con el tiempo construyeron un segundo piso, la vivienda cuenta ahora con un comedor, una cocina, 3 habitaciones, 2 baños y un patio. “Logramos mejorar y vivir en nuestro hogar”, destacó Yeny y agregó: “El que quiere y puede progresa”.